lunes, 6 de septiembre de 2010
JALEA (relato ¿surrealista?)
La carta que envió fue tan lenta que de una uotra manera se destrozo al aparecer la amarilla caridad de la luna que los veía sigilosa escupiendo sobre ellos su fosforescente escarcha llena de duendes negritos,negritos como carbones que al caer al prado sudaban roció helado, que los enfurecía y enervaba hasta que explotaban consumidos en su ira roja, brillante y tensa como el tomate maduro. Cuando escurrían, la brisa los llevaba de paseo mostrándoles todos los caminitos de piedra parisinos, con su musgo y flores de primavera, tan bellas como el rubor y tan puras como el alba.
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